| Hizo
la plegaria de Isha a las 00,30 horas junto con su guardaespaldas Mustafa,
se fueron a dormir. A las 03,00 horas llamó a la puerta de Mustafa
y le dijo: “Me muero, llévame a Marruecos”. Murió
en el sofá antes de que llegara la ambulancia, la mano en el corazón,
una sonrisa en la cara.
Su
corazón de Muyahed empedernido encontró en su contra los
más formidables intereses que no le permitieron materializar lo
mucho que hubiera podido hacer. Entiendo su muerte prematura en el camino
de Allâh. Queda, lo afirmo, como shahid en Al Andalus.
El
día anterior, él y su guardaespaldas, estuvieron en mi casa,
su última tertulia entre amigos. Rematamos con la plegaria de al
assar. Se marchó rezongante, vital como siempre. Siempre miserables
todas las traducciones del Corán, le pedí que me ampliara
el significado del Ayat 50 del Sura Ta Ha: “Allâh es el
que da a todo su forma y naturaleza y después la guía rectamente”,
y
lo hizo. Daba gusto verle, sentadote en mi sillón, meterse en el
texto del Corán en árabe, leer y releer en voz alta, mirarme
y hacerme entender, con su mirada, con su cuerpo, con su ser,
el mayor significado de las palabras
en el idioma primordial que es el árabe. No he visto a nadie como
él disfrutar tanto las Sahadas de las que era testigo, no hay posibilidad
de teatralizar ese momento, se es o no se es y él era y como sahid
sigue siendo. En clarisima lengua castellana, de forma envidiable, hablaba
con el pueblo español, se metía en su intimidad como solo
a un sabio se le permite por estos lares y les recordaba su pasado dejándoles
siempre la nota de que el pasado eran ellos y de que debían despertar.
Sabia quien era el “sacamantecas” y lo explicaba de forma inolvidable
dejándote en el pasmo. Me enseño algo que enseñaré
hasta mi muerte: en la pretendida expulsión de los moriscos de 1609-
1614, casi dos millones de moriscos en una población de siete millones
permanecieron en la península atrapados de cristianos forzosos blasfemantes
por los crueles modos de la Iglesia católica. Marroquí universal
se sabía descendiente de musulmanes españoles de Niebla.
Aceptaba como verdaderas e impecables las tesis de Ignacio Olagüe
y no es poca esa aceptación para un árabe.
En
Alcoy le vi llorar de emoción cuando atónito vió y
escuchó bajar a la primera escuadra de moros, formados en apretada
fila tras su cabo sonriente, la marcha mora de Al Andalus lo tumbó.
Se dio cuenta de lo que hay tras el velo de la fiesta de Moros y cristianos.
En su última tertulia, como discípulo aventajado, le leí
el texto del presbítero Boronat y Barrachina que publique en mi
pasado articulo “Moros y cristianos” en webislam.com y lo
calificó de prueba irrefutable.
Muy
grande por fuera, lo era aun más por dentro. En la noche, solo,
paladeó saberse frente a un gran ejercito hostil. Recordaba continuamente
a su mujer a la que amaba, a su padre y a los españoles que le acogieron.
Sus amigos españoles le sabemos shahid. Allâh es grande.
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